Sunday, November 18, 2007

Refuerzo positivo

Ladies and gentlemen, I give you my PhD supervisor:

Les presento a mi director de tesis.

Ahora ya sabemos a quién salgo ;-9

A quién quiero salir.

Lovely people, soy consciente de que a veces me paso. A veces reacciono en vez de utilizar el refuerzo positivo.

Ocurre parecido en un Foro Social. Una vez casi se pegan, las Sin Velo y las Con Velo. Y todo por un pedazo de trapo. ¡Por una pañoleta!

El valor que puede dársele a objetos e ideas, sólo por darle valor a algo.

Es que hay cosas que son cuestión de opinión y otras que, directamente, están mal. O fatal. Hacen pupa a la gente y estamos en la obligación de decirlas si nos damos cuenta, o si los demás hacen la vista gorda por mantener intactos sus intereses.


No soy la única, ¿eh? que no es perfecta y le echa la culpa a los demás. Somos unos cuantos los que hacemos eso... Me temo que es ahí donde hay temas sin resolver.

Apliques-mos-nos el cuento a nosotros mismos. Yo la primera.

La historia siempre se repite, compañeros, a menos que utilicemos la razón para aceptar nuestra animalidad, como decía C. Ya sé que es más fácil decirlo que hacerlo, sobre todo en política, cuando las hormonas le dan por culo a la razón.

Y eso no quiere decir que a la razón le asquee que le den por culo. No, sólo quiere decir que todavía no lo ha probado, y hay que irle metiendo un dedito primero, sin presiones, y con muchísimo amor. La razón es capaz de tragarse casi cualquier cosa a cucharaditas.

Otras veces, como le sucede a Maruja Torres, se lo traga Rita la cantaora.

Suele pasarme, cuando me imponen las cosas, igual que al amigo Hugo, que es caciquil, insoportable y casposo, y pierde la razón de tanto reivindicarla, pero que ha sido elegido por su pueblo cual alcalde de Salamanca.

Así que, ahora, a joderse y a pagar un 85% más de bus público, como dice Q.

El que no haya votado no tiene derecho a protestar.

A lo mejor por eso éramos pocos en la manifestación.

No sé si es que algunos somos más sensibles, o si nos dan por culo las hormonas un poco más, pero es que a mí me cuesta horrores portarme como debiera. Quizás como a cualquiera al que le lleven la contraria.


Quiero conocer el mundo tal y como es, pero no para aceptarlo y seguir balando, sino para cambiarlo a mejor entre todos.

Partimos de la base de que no se puede cambiar a la gente, vale. La gente cambia si le toca cambiar y si buenamente le da la gana. Sin embargo, el mundo sí que es dinámico, siento decirles. Al mundo sí que se le puede mandar a la silla de la rabieta y aplicarle inteligencia emocional en formato coach, terapia de pareja de la Sexta pero sin condescendencias, que no se trata de manipular, cojones. Al mundo, en general, y a nuestro entorno, en especial.

Todos conocemos a gente que cambia el mundo, consciente o, desgraciadamente, inconscientemente, por contagio emocional. El peligro está en acabar contagiando emociones negativas a los demás.

El contagio emocional es hoy un hecho manifiestamente probado. Lo leí ayer en El Pais, que es un diario que siempre dice la verdad, no como Rebelión y esos medios bolcheviques en los que escribe mi director de tesis.

Si me sale en forma de revulsivo, yo lo siento.

¿O será que cuando le sale en forma de revulsivo a los demás hay que aguantar, calladita y mona, los rencores ajenos?

Tengo fallos, sí, muchos. A veces me puede el rencor. But, then again, no soy la única, cojones. Y, si me doy cuenta, aquí estamos, remediándolo, manteniendo el contacto; fomentando el buen rollito altermundialista, enlazando a aquellos a quienes recuerdo con cariño, sean del partido que sean.

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